27 oct. 2008

La pesadilla urbana


Mientras el cadette retiraba de su bicileta la caja donde lleva las pizzas, suena el telefono de la pizzería.
Fó -exclamó- no me digas que es un pedido justo ahora!
Era el patrón que quería hablar con él.
De una manera poco madura, con gajes de preocupación, el patrón le dijo al cadette que la pizzería estaba andando mal, que lo que gastaba en todos los empleados no lo llegaba a cubrir con la ventas, blablabla: Le dijo en conclusión que no se presente a trabajar hasta dentro de 4 días, a ver cómo seguía la cosa.
El cadette, 100 veces mejor preparado psicologicamente para estas cosas, le dijo al patrón que no había problema, que dentro de 4 días iba a volver a ver como andaba todo.

Pero esto no termina así, lector. Ud sabrá que los cadettes son individuos hipersensibles.

Tomó su bicicleta y se fué pensando, un poco sorprendido, ¿qué sería de él ahora que su investidura de cadette ya no le correspondía?¿Es el cadettismo sólo un oficio o es un estilo de vida, un modo de pararse ante la existencia?.
Pedaleó con sus incógnitas hasta su casa y vió a su hermana sentada mirando televisión.

Soy un desocupado - le dijo, mitad chiste mitad triste -

Hablaron acerca de todo lo acontecido y él se quedó sólo, tomando unos mates.
Antes de irse a dormir se preguntó que sería de él ahora que era un perfecto don nadie laboral.
Pensó si volvería alguna vez a llevar pizzas a la concha de la lora, pensó si volvería a tener romances imaginarios con cada mujer mayor de 10 años que se le presentara tras la puerta, pensó en todos los pro's y en todos los contras de la situación.
Y sin duda supo que el cadettismo es algo groso. Es eso que te hace chivar a dos manos, que te reviste de ira cuando un taxista se hace el pistola. Es cantar a los gritos por las calles, que los niños y los ancianos se sorprendan. Es ser la pesadilla urbana, no hay semáforos para mí. No hay manos ni contramanos. No hay leyes que me repriman ni que me amparen. Soy el terror de la carretera.
Por eso soy cadette. Soy cadette con o sin trabajo.

basada en hechos reales.

22 oct. 2008


Este poder que tengo sobre vos, mi amor
no lo quiero más
no lo sé usar
no lo quiero usar

Bajar las armas y amar
besarte el alma sintiendo
que si la guerra para acá
el trampolín de lo bonito
saltará sobre nosotros

el río se bañará en nosotros
al camino le pesará nosotros

12 oct. 2008

A ver Gastón

La lluvia puede mojar la cabeza del cadette. Puede mojar todo su cuerpo si no tiene piloto. Puede poner alerta a los conductores de autos. Puede traerte todo lo que no quieras. Tambien te puede hacer bien. Ella te quiere mojar, te quiere enseñar cosas. Y uno la quiere esquivar, otro abre el paragüas, otro se queda mirándola desde un toldito.
Te comés una pasa de uva y todo está bien. Si lo pensás dos veces, o si no lo pensás, llegás siempre a lo mismo: todo, pero todito todo, está bien.
Y sí escuchás música, te ponés lindo. Si la sabés elegir no te puede jugar en contra. Hay chicos que tienden a hacerse mal todo el tiempo, quizás nosotros somos uno de ellos tambien. Pero al toque que te reíste perdiste: te volvés a dar cuenta que todo marcha como una comparsa de barrio.
Y ahora te prendés un cigarro. La mezcla con la pasa de uva es increíble. Habla tanto de mí que empiezo a temer esto de "ser un despistado de mí". Ja!. La pista sería yo.. y estar despistado sería estar perdido o lejos de mí.
Pero nada puede dejarme fuera de la pista, a decir verdad. Yo creo ser el hombre más estúpido sobre la tierra. Pero sabés por qué? Porque mi ideal de hombre es muy grande. Tendría que mirar dentro de mí y ver que con esta estupidez gigantesca puedo volver a pista y ser un gran conductor o al menos conducir bajo los efectos de lo que yo elija.
Ahora lo veo todo un poco más claro: La pista, o el camino, es hacia mi y es lo turbio. Recorrerme y chocar, morader banquina o pinchar rueda.. eso es lo que me deja fuera de la pista. Entonces vuelvo a ver que si de conocerme se trata, nada, pero nadita nada, puede estar tan mal.


Te quiero vida. Pocas veces lo siento y muchas menos te lo digo, pero me interesás bastante y sé que sos buena gente.

Un beso

Manu, el tonto.

5 oct. 2008

Fotocopia

Uno no puede esperar tanto para hacer un trámite -dije-. La cola es siempre la misma o cada vez más larga. Mis compañeritos de fila hablando del clima y yo asintiendo. Allá adelante la clásica señora que se queja porque escuchó mal, elige la violencia a la paciencia. Atrás de ella sigue el señor al que hay que explicarle todo dos veces. Atrás de él viene ese que va a tardar mucho tiempo, porque lleva una carpeta gorda con varios trámites. Adelante mío un petiso narigón se saca la cera de una oreja mientras lee un papelito que parece ser "el papelito explicativo para ir a hacer trámites". Era un papelito erróneo. Su creador había olvidado el primer y más pesado de los pasos: Hacer la cola, hacer fila o, simplemente, esperar.
Entendí, al fin, por qué la fila no avanzaba y el tiempo pasaba tan rápido.
Pensar en la fila. Pensar en la posibilidad de pensar la fila. Pensar si la fila era una creación del pensamiento o era real. Pensar en lo real. Pensar la realidad me había hecho tomar una postura tan peculiar que ahora entiendo por qué no avanzo. Por qué hace rato que no avanzo.
Apenas llegué era el último. Pero, haciendo cuentas, hacía 20 años que era el último. Esto no podía seguir pasando. Estaba yo como escoltando al último, siempre acompañándolo. Interactuando con él. Detéstandolo o simplemente envidiándolo por su posición privilegiada. Ser escolta del último me convertía en el último y jamás lo había pensado así.

Disculpe señora -dije-, estaba yo primero.